Llega un momento en que asimilas y tomas como natural el hecho que realizas comerciales para la TV, pero cuando vi mi primer trabajo como Director al aire, debo de admitir que me emocioné y de hecho siempre lo recordaré con cariño.
Pero hay uno en especial que definitivamente nunca me olvidaré y es que una de las protagonistas fue mi hija menor, Mikela.

 

En realidad nunca me gustó la idea de exponer a mis hijas en estos menesteres del audiovisual, por todas la experiencias vividas anteriormente, en donde los chicos están expuestos a una gran presión.

 

Este proyecto requería de un casting muy variado, que los niños y niñas fuesen muy distintos entre sí, en cuanto a las características físicas, y un pedido específico es que querían tener una niña con rulos, crespa, de 3 a 4 años de edad. En realidad nunca pensé en mis hijas, pero fueron las productoras quienes sugirieron la idea, se lo comenté a mi esposa, la cual de manera muy entusiasta las llevó al casting y pasaron por el proceso de selección regular.

 

Es complicado como director tener dentro de tus opciones de casting a tus hijas, porque definitivamente en estas reuniones internas con agencias, como bien sabemos, se vierten comentarios de todo calibre y que podrían herir ciertas susceptibilidades. Finalmente una de ellas no fue escogida por “x” razones y quedo seleccionada la menor, de hecho me sentí algo nervioso cuando la terminaron escogiendo, de manera unánime y contundente junto con cliente, por el vínculo que existe el cual Yo podría separar o romper viéndolo de manera profesional, pero ella de tan corta edad no, no lo iba a entender.

 

Llegó el día del rodaje y como siempre estuvo divertido y avanzamos sin contratiempos, el plan de rodaje se estaba cumpliendo a cabalidad y la agencia estaba muy satisfecha con los resultados. Cuando llegamos a la segunda locación me estaba esperando ella, totalmente entusiasmada salió a mi encuentro para darme un fuerte abrazo, muy cariñosa como de costumbre, ahí empecé a ponerme un poco nervioso, vi como la empezaron a producir, poniéndole el vestuario indicado y haciéndole los últimos ajustes en su peinado.

 

mikela 1

 

Ya en escena, la cosa se empezó a complicar para Mikela, debía de tener el micro de audio directo colgándole de su cintura, debía de jalar una maleta que era casi de su tamaño, tenía que esperar la marca de la claqueta para empezar la toma, y debía de decir una frase a cámara de manera entusiasta. En realidad me puse muy nervioso, tanto como el primer día que me dieron la responsabilidad de dirigir, debo de admitir que el asistente de dirección se porto espectacular, realmente se ganó su confianza, la engrió en lo que pudo y la trato con mucho cariño, Quike Anaya me salvó la vida, él fue quien prácticamente tuvo todo el contacto con ella, yo sólo hacía la cámara y le contaba para la acción.

 

Finalmente después de unos 20 minutos ella ya estaba cansada, había hecho la toma unas 10 a 12 veces, había aguantado el micro colgándole del jean, había jalado la maleta y estaba esperando su turno luego de cada claqueta más su frase, ya no le eran suficientes los alfajores y los mil dulces que Quike le ofrecía, ya no lo quería hacer y la verdad que la toma perfecta, no la tenía, fue en el último intento donde le hablo y le digo que me haga la última pero con todas sus fuerzas y ganas, finalmente quedo y la aplaudí a rabiar; me había hecho el día.

 

Debo de admitir que sudé como nunca y que en algún momento me puse super nervioso, pero mi hija ese día me dio una gran lección de madurez, ella aguanto todo de manera muy tranquila para ser una niña que aún no cumplía los 4 años. Ella hizo todo, sólo que nunca pudo decir la frase perfecta por que era: “¡Mamá, mamá!, quiero ir al colegio”, ella siempre dijo : “¡Papá, papá!.

 

Definitivamente algún día lo hablaremos y nos reiremos juntos de esta anécdota, y seguro ella se lo enseñara a mis nietos, y quedará para siempre como un recuerdo de lo que ella fue capaz de hacer a tan corta edad bajo la mirada atónita del Director y Papá.

 

Pepe Chicoma