Cuando en un proyecto está de por medio una veintena de niños entre 8 a 12 años la situación se torna algo complicada por decirlo menos. Debo de admitir que en un pasado no la pasaba tan bien, ahora creo entenderlos más.

 

Cuando empecé a dirigir con poco menos de 28 años definitivamente no sabía lo que era ser responsable de un trabajo audiovisual en donde los niños eran los protagonistas. Cuando lo tuve que hacer realmente fue tortuoso, no sabía cómo captar su atención ni cómo explicarles cual era mi propósito y lo que necesitaba de ellos, los hacía repetir hasta el cansancio y solo obtenía aburrimiento y rechazo, era realmente tedioso y frustrante.

 

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Definitivamente hay cosas que se aprenden con la experiencia por ejemplo resolver ciertas situaciones. No fue exactamente de manera profesional como aprendí a manejarme frente a niños sino por el contrario, fue personal. El día que fui papá empecé a entender muchas cosas, eso fue determinante para empezar a “agacharme”, ponerme a su altura, entenderlos, escucharlos y volverme una especie de cómplice.

 

Escuchar, ahí empezó a cambiar todo, cuando realmente los escuché. Es difícil, porque aun cuando hablamos con adultos no escuchamos al 100%, cuando me detengo y proceso sus prioridades y entiendo sus miedos y su forma de afrontarlos, cuando dejo de lado el papel del ¨director¨ y me tomo unos minutos con ellos, creo que me conecto mejor y llego a tener resultados satisfactorios. Los niños solo quieren pasarla bien, jugar, divertirse y de vez en cuando hacernos caso – a los adultos – de verdad. Sólo queda en nosotros conquistarlos, volvernos sus cómplices y ser totalmente sinceros con ellos, se dan cuenta cuando no lo eres, son más sensibles de lo que pensamos, y muy perspicaces.

 

Hace poco me tocó grabar con más de veinte niños entre hombres y mujeres y como siempre fue un reto captar su atención, hacerlos pasar un buen rato y sobre todo ganarme su confianza. Siento que desde que tengo hijas me ha ayudado a entenderlos, aprendí a disfrutar con ellos de las cosas más simples y aprendí a reírme de mí mismo, de no tomarme tan en serio y volver a jugar como cuando era niño donde sólo me preocupaba por pasarla bien.

 

 

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Finalmente hoy disfruto trabajar con ellos, soy un payaso por naturaleza y me gusta hacerlos reír haciendo bromas absurdas, siendo yo mismo, con menos prejuicios, mas honesto y despreocupado.

 

 

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Pepe Chicoma.